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El efecto del Coronavirus sobre nuestra hortofruticultura

Varias Organizaciones Profesionales de nuestro Sector Agrario están informando a la Opinión Pública sobre el efecto que las medidas derivadas del Estado de Alarma tienen ya, o pueden tener en un futuro inmediato, sobre la actividad agraria, base importantísima de nuestra economía y pilar sobre el que se asienta el suministro de alimentos para nuestra población.

Dichas medidas son de muy variada índole, desde las relacionadas con la movilidad de los trabajadores del campo, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, lo que acarrea dificultades para llevar a cabo la recolección de frutas y hortalizas, hasta las que se refieren a la comercialización de los productos agrarios.

En este sentido, merece la pena detenerse a analizar el efecto de la medida relativa al cierre de pequeñas fruterías y mercados locales, que comercializan frutas y hortalizas que se apartan de las calidades-tipo, lo que comúnmente se denominan destríos, por si , hacia el futuro, no debieran contemplarse cambios en la manera de ordenar el funcionamiento de los mercados hacia una mejora de la calidad de los suministros de estos productos.

Porque, en las actuales circunstancias, el cierre de mercadillos y de franquicias que comercializan productos de menos calidad, está impidiendo la salida de estas producciones, con lo que los precios han caído de forma drástica , hasta el punto de que , en muchos casos, se están dejando perder en el campo o derivándose a su empleo en la alimentación animal.

La razón de esta decisión, por parte de los productores, se basa en que los comerciantes, a pie de campo, no solo no ofrecen precio que remunere estos destríos , sino que terminarían pagando por su recogida a los comerciantes que se los «compraran».

En estas condiciones la comercialización de la fruta de mayor calidad se va a desarrollar en un mercado en origen muy deprimido, con precios a la baja, lo que va a repercutir en la renta de los productores, ya castigados en anteriores campañas por los bajos precios que obtuvieron .

Con el fin de que estas circunstancias no se repitan, en el futuro, cabría pensar en la posibilidad de que estas producciones — que no son de alta gama por defectos de rozaduras, calibres menores y otros factores que no merman su calidad nutricional, ni su seguridad — se distribuyeran, a través de las organizaciones no gubernamentales , en forma de ayuda alimentaria , a la población que las necesitasen, sin que su entrada en los canales de comercialización constituyan una referencia de precios a la baja para la fruta mas selecta.

Las frutas y verduras de buena calidad comercializadas adecuadamente en fruterías y cadenas de distribución que se interesen por ellas , redundaría en beneficio de los consumidores y de los propios agricultores.

Por otra parte, la comercialización de estas frutas y hortalizas selectas en cuanto a su presentación, no debería contentarse con abarcar también las producciones amparadas por las figuras de calidad ya establecidas (como la producción ecológica y las denominaciones de origen) procedentes de las actuales variedades cultivadas, sino que, en un futuro próximo, sería preciso abordar una reconversion varietal capaz de ofrecer producciones con sabores y olores reconocibles y diferenciadores que objetivamente pudiesen ostentar una «certificación específica de calidad organoléptica singular (CECOS)»..

Con ello, este importante sector productivo español mejoraría su sostenibilidad económica y social y daría un importante paso en la mejora de la calidad y en la de su competitividad y diferenciación en los mercados domésticos y exteriores.

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